Cuando pienso en Illinois, lo primero que viene a la mente es Chicago. Pero en este viaje me animé a salir de la ruta tradicional y descubrí tres ciudades que me sorprendieron por su personalidad, su comida y lo bien que la pasé: Casey, Peoria y Champaign. Cada una tiene algo especial, y juntas forman un recorrido diferente que recomiendo a cualquiera que quiera conocer otro lado del estado.
Casey: donde todo es gigante
Llegar a Casey fue como entrar a un parque temático de objetos gigantes. Vi una silla de mecedora enorme, un buzón imposible de ignorar y hasta unas tijeras que parecían sacadas de un cuento. No pude evitar tomarme fotos en cada rincón, porque la ciudad está llena de récords mundiales que te sacan una sonrisa.
Entre foto y foto, me detuve en Whitling Whimsy Café. Probé una hamburguesa deliciosa y de postre un pastel de manzana que todavía recuerdo. La vibra del lugar es relajada, como la ciudad misma. Al final, Casey me pareció una parada divertida y diferente, ideal para romper la rutina del camino.

Peoria: río, cultura y buena mesa
Peoria me recibió con el río Illinois como protagonista. Caminé por la ribera, tomé un paseo en barco y disfruté de la vista al atardecer. Después me lancé al centro para conocer el Peoria Riverfront Museum, donde encontré arte, ciencia y hasta un planetario que me dejó fascinada.
La comida aquí también fue un highlight del viaje. En Jim’s Steakhouse pedí un prime rib acompañado de papas al horno. Fue un banquete digno de repetir. Y en la noche, me animé a dar una vuelta por los bares con música en vivo. La ciudad tiene una energía especial que combina tradición con diversión.

Champaign: juventud y barbacoa
En Champaign se siente la vida universitaria en cada esquina. Cafés, librerías, festivales… la ciudad vibra con la energía de los estudiantes. Pasear por el campus de la Universidad de Illinois fue inspirador, y también encontré espacios culturales como el Krannert Art Museum, que me encantó.
La comida no se quedó atrás. En Black Dog Smoke & Ale House, en Urbana, probé unas costillas ahumadas y un brisket que justifican el viaje por sí solos. Además, Champaign tiene parques preciosos como el Meadowbrook Park, donde cerré la tarde caminando entre esculturas al aire libre.

Un Illinois fuera del mapa
Este recorrido me demostró que Illinois es mucho más que Chicago. Casey me regaló diversión y fotos únicas, Peoria me conquistó con su ribera y su cocina, y Champaign me contagió su energía joven y su amor por la cultura. Tres ciudades distintas, pero todas con algo en común: hacen que quieras volver.
